el dramaturgo

Empecé a escribir teatro por una chica, en la universidad. Me gustaba mucho y tenía un nombre muy extraño. Entonces para poder hablarle, decidí ir a la biblioteca a buscar algún libro que por alguna razón (en mi cabeza) tuviera por título su nombre o al menos uno que sonara parecido. Y lo encontré, a Eugene Ionesco. Y de inmediato me olvidé de la chica, porque había descubierto algo que se parecía muchísimo a la música que escuchaba en aquel tiempo (o al menos, así era en mi cabeza).

Luego de este descubrimiento, que me llenó de mucha alegría (en serio, leer Ionesco a priori, tiene que darte risa), fui entendiendo lo que leía. No se trataba de algo absurdo solo por el hecho de serlo, por el contrario, había mucha filosofía detrás, mucho razonamiento lógico. Lo comprendí cada vez más y empecé a escribir cosas parecidas. Sentí una libertad como nunca antes lo había experimentado. ¡Era completamente libre!

Pasaron algunos años hasta que tuve la fortuna de encontrar a mi único maestro de teatro, Julio Díaz-Escamilla y con él, fui comprendiendo mucho más sobre el quehacer del dramaturgo. Luego, después de su taller, vino mi primer premio de teatro y mi primera publicación. A la fecha, no sé cuantas obras he escrito, pero este 2026 ya llevo al menos 5 nuevas obras. El teatro, su escritura, se me hace tan natural de hacer, que no logro comprender del todo el por qué. Y eso, realmente, me da mucha felicidad. Poder escribir, sin esfuerzo, es algo, que no puede ser más que un regalo.

La Molotera Teatro

Compañía de Teatro guatemalteca creada por Antonio González, escritor de literatura infantil, dramaturgo y titiritero

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